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UN CUENTO DEL TAROT

El Loco:

Con todas sus pertenencias en un pequeño envoltorio, el Loco viaja sin saber a dónde. Tan lleno de visiones y ensueño que no ve el precipicio y la probabilidad de caerse. A sus pies un perrito intenta pillarle, o advertirle de un posible mal paso...

El Mago:

En su camino, el Loco se encuentra primero con el Mago.

Hábil, confiando en sí mismo, el poderoso brujo con el halo del infinito flotando sobre su cabeza hipnotiza al Loco.

Como el Mago se lo pide, el Loco entrega su bulto y se pega a él. El Mago invoca a todos los poderes levantando la varita al cielo y señala a la tierra con el dedo. Por arte de magia el bulto se despliega encima de la mesa, revelando su contenido. Desde su punto de vista es como si el Mago hubiese creado el futuro con una palabra.

Allí están, todas las posibilidades visibles, todas las direcciones que pudiera tomar: La fría, airosa espada de intelecto y comunicación; El feroz bastón de espiritualidad y ambición; El rebosante cáliz de amor y emociones; El sólido oro de trabajo, posesiones y cuerpo. Con estas herramientas el Loco puede crear cualquier cosa y hacer de su vida lo que sea. Pero ahora le viene la pregunta:

-¿Creó el Mago estas herramientas, o estaban siempre en su bulto? Solamente el mago lo sabe, y sobre este tema, nuestro elocuente brujo niega pronunciar palabra. Lo tiene bien calladito…

La Suma Sacerdotisa:

Continuando su viaje, el Loco encuentra una hermosa señora con velos místicos en un trono entre dos columnas e iluminado por la luna. Es lo contrario del Mago, callada cuando él era hablador, quieta donde él estaba en movimiento, sentada mientras él estaba de pie, escondida en la noche donde él estaba fuera en la brillante luz del día.

Ella es la Suma Sacerdotisa, asombrando al Loco por saber todo de él.

-¡Ya que me conoces tan bien, quizás me puedes ayudar!, dice el Loco desplegando su espada, copa, bastón y oro. ¡El Mago me enseño estas herramientas, pero ahora tengo este dilema: Hay tantas cosas que puedo hacer con ellas que no me puedo decidir!

Como respuesta la Sacerdotisa le alcanza un par de rollos de pergaminos antiguos.

-¡Esto te enseñará a decidirte!

Sentado a los pies de la Sacerdotisa, el Loco queda leyendo bajo la luz de la luna creciente. Al final sabe lo suficiente para poder tomar la decisión de qué quiere, dónde quiere ir y qué quiere hacer. Aunque sospecha que la Sacerdotisa tiene más secretos para enseñarle, como lo que hay detrás de las cortinas de granadas.

Se prepara para seguir su marcha. Da las gracias a la Sacerdotisa y se pone de camino. Yéndose le escucha susurrar en voz baja, como el sonido del agua que brota de la fuente detrás de su trono:

-¡Volveremos a vernos… cuando estés preparado para tomar el sendero mas escondido y oculto de todos!

La Emperatriz:

Decidido que forma dar a su futuro e impaciente por hacerlo una realidad, el Loco camina hacia delante con pasos firmes. Esto es cuando se encuentra con la Emperatriz. Pelo dorado como el trigo, corona de estrellas y vestido decorado con granadas. Descansa en su trono rodeado de abundante grano y un jardín con vegetación exuberante. Posiblemente está embarazada.

Arrodillándose, el Loco le cuenta su historia, y ella le devuelve una sonrisa maternal y le da este consejo:

-Como grano recién sembrado o un bebé en el vientre, una nueva vida, un nuevo amor, una creación nueva es frágil. Requiere tierra fértil, paciencia y cuidados; necesita amor y atención ¡Solamente así traerá frutos!

Por fin entendiendo que su futuro le costará tiempo de formar y crear. El Loco le da las gracias a la Emperatriz y sigue caminando.

El Emperador:

El Mago dio las opciones al Loco, y con la ayuda de la Sacerdotisa se decidió por uno de ellos. Aprendió como desarrollarlo gracias a la Emperatriz. Ahora tiene que lograrlo, pero ¿cómo?

Va acercándose a un gran Emperador sentado en su trono de piedra. El Loco se queda asombrado del modo que todo el mundo le obedece al instante y sin refutar todas y cada una de sus órdenes, y de lo bien que su imperio está gobernado. Inclinándose  con respeto, pregunta al Emperador como lo logra. El Emperador responde:

-¡Voluntad fuerte y fundamentos sólidos! Ser un soñador, creativo, instintivo y paciente está muy bien - explica al Loco - ¡pero para controlar uno tiene que estar alerto, valiente y enérgico!

Preparado ya para tener el mando más que ser mandado, El Loco va ahora con un nuevo propósito y nueva dirección.

El Sumo Sacerdote:

Habiendo creado fundamentos sólidos para su futuro, le sobreviene al Loco un miedo fulminante:

¿Y si todo para lo que ha trabajado se perdiera? ¿si alguien se lo robara? ¿si se destruyese o desapareciera? ¿O que simplemente no estuviera lo suficientemente bien hecho?

Lleno de pánico, se dirige a un lugar sagrado donde encuentra al Sumo Sacerdote,  un maestro sabio y hombre bendito. Dos discípulos están arrodillados delante de él, dispuestos a recoger sus enseñanzas para llevarlas al mundo entero. El Loco cuenta al Sumo Sacerdote sus temores y pregunta cómo liberarse de ellos.

- ¡Solamente hay dos modos! - dice El Sumo Sacerdote sabiamente - dejar todo lo que temas perder, para evitar que tenga poder sobre ti, o considerar qué te queda si tu temor se hiciese realidad. Después de todo, si llegaras a perder todo lo construido, todavía te quedaría la experiencia y el conocimiento obtenido hasta hoy, ¿o no?

Esta respuesta tan sorprendentemente sencilla y profunda libera al Loco de su temor, y se dispone a salir del templo y enfrentarse de nuevo a los desafíos que la vida le trae.

Los Enamorados:

El Loco llega a un cruce, lleno de energía, confiando en sí mismo y su propósito.  Sabe con certeza qué camino tomar y lo que quiere hacer. Y  de repente allí se queda parado...

Un árbol en pleno florecimiento le indica el camino a tomar, el camino que había planificado. Pero parado delante del árbol frutal indicando otro camino hay una mujer. Había conocido y estado con mujeres antes, algunas mucho más guapas y seductoras. Pero ella es diferente. Viéndola se siente como si Cupido acabase de  dispararle una de sus flechas en el corazón, tan impresionante, tan fuerte y tan doloroso es conocerla. Hablando con ella se intensifica todavía más este sentimiento, como si hubiese encontrado una parte perdida de sí mismo, una parte buscada hace ya mucho tiempo. Es obvio que ella siente lo mismo hacia él. Terminan respectivamente las frases del otro, tienen los mismos pensamientos. Es como si un ángel hubiese unido sus almas. Aunque su plan era seguir el camino del árbol en flor, y aun sabiendo que le va a causar problemas traer esa mujer consigo, quizás cambiar su destino por completo, el Loco no se atreve a dejarla atrás. Igual que el manzano, ella le llenará y le realizará. No importa lo lejos de su intención primordial, ella es su futuro. Él la elige, y juntos siguen un camino completamente nuevo.

El Carro:

El Loco está a punto de completar un ciclo que empezaba a construir, cuando el mago le revelaba estas herramientas. Pero ahora hay enemigos en su camino, gente retorcida, malas circunstancias, hasta confusiones en su propia mente. El impulso para seguir ha desaparecido; Siente que está luchando sin poder avanzar. Andando por una playa viendo las olas entrar, intenta entender cómo vencer a esos enemigos y cómo hacer las cosas volver a su curso.

Esto es cuando tropieza con un cochero, de pie en su carro de oro y plata, los dos caballos, uno blanco y otro negro, están descansando.

- ¡Tú pareces un guerrero victorioso! - observa el Loco - ¿dime el mejor modo de derrotar a un enemigo?

El guerrero hace un gesto con la cabeza hacia el mar…

- ¿Alguna vez has ido nadando en el agua y sido atrapado por la marea que te va llevando mar adentro? Si intentas nadar adelante, no llegas a ningún sitio. Nadas y nadas, y la corriente te arrastra para atrás, y si te cansas, te ahogas. El único modo de ganar a la marea sin perder toda tu energía, es nadar en paralelo con la orilla, y lentamente acercarte en diagonal. Igual también, cuando luchas en un carro. Vences colocándote al lado del adversario al que quieres derrotar. El guerrero hace otro gesto hacia los dos sementales:

- Tus caballos hacen que las ruedas giren, pero es tu control y dirección los que te brindan la victoria. Hay que hacer que Oscuridad y Luz tiren en armonía, según tus indicaciones.

El Loco se queda impresionado e inspirado. Piensa que ya sabe cómo ganar su propia batalla. Le da las gracias al guerrero. Pero antes de marcharse, el guerrero para al Loco:

Otra cosa -le dice- ninguna victoria puede ser posible sin una perseverante convicción de tu causa. Y sobre todo, recuerda esto: La victoria no es el fin, sino el principio.

La Fuerza:

El Loco, victorioso y con los enemigos batidos, se siente arrogante, poderoso y hasta despiadado. Tiene una pasión dentro que apenas puede controlar. Y se cruza con una muchacha forcejeando con un león. Corriendo para socorrerla, llega justo a tiempo para ver como ella suavemente, pero firme, ¡cierra la boca del león! Para decir la verdad, la bestia, que hace unos momentos parecía tan salvaje y violento, está ahora totalmente obediente.

Boquiabierto, el Loco la pregunta, ¿Cómo lo hiciste?

Acariciando el pelaje del león con una mano, dice:

- ¡Poder mental! Cualquier bestia, da igual lo salvaje que sea, se deja dominar por una voluntad superior.

En este instante, la mirada de la chica se cruza con la del Loco. Aunque sea inocente y joven, su mirada también es de conocimiento y muy poderosa.

Igualmente -le dice- hay muchos impulsos mezquinos dentro de nosotros. No es necesariamente malo tenerlos, pero si dejar que nos controlen. Somos humanos, no bestias, y podemos controlar este tipo de energía, usarlo para fines más nobles, y propósitos dignos.

Su ira se calmó. El Loco saluda educadamente con la cabeza y se aleja sabiendo que no solamente un león fue domado hoy por fuerza pura e inocente de una chica joven.

El Ermitaño:

Después de una vida larga y ajetreada, construyendo, creando, amando, odiando, luchando, comprometiéndose, fracasando y teniendo éxitos, el Loco siente una profunda necesidad de retirarse. En una casita rústica en los bosques, alejado de todo se esconde leyendo, limpiando, organizando, descansando o simplemente pensando. Pero cada noche en el crepúsculo sale, paseando en este paisaje otoñal, llevándose nada más que un bastón y una linterna.

Es durante estas caminatas de crepúsculo al amanecer, ojeando y examinando lo que le apetezca, que ve y se da cuenta de cosas que ha echado de menos, acerca de si mismo y del mundo. Es como si todos los rincones secretos de su cabeza, sus pensamientos, fueran iluminados poquito a poco, rincones de los que anteriormente nunca tuvo conocimiento. De algún modo, ha vuelto a ser el Loco y, como al principio, camina a donde sea que la inspiración le lleva. Pero como el Loco, su bastón descansaba en su hombro llevando su bulto detrás, fuera de la vista. El Loco era como este bulto, todo lo que podría ser estaba envuelto y desconocido. El bastón del Ermitaño se apoya hacia delante, no detrás, y lleva una linterna, no un bulto. El Ermitaño es como la linterna, iluminado desde dentro por todo lo que es.

La Rueda de la Fortuna:

El Loco sale de su escondite y entra en la luz del día, como si fuera empujado hacia arriba desde un punto bajo y oscuro de una rueda. Es momento de cambio. Agarrado al bastón vuelve al mundo sin esperar nada. Pero de manera extraña, le van sucediendo cosas según pasan las horas, cosas buenas.

Pasando por un molino de agua, una mujer le ofrece agua de un cáliz de oro, y después le ruega que se quede la copa, simplemente porque le cae bien.

Cruzando delante de un molino de viento, se detiene para mirar a un joven blandiendo una espada. Cuando expresa su admiración por la hermosa arma, el joven se lo pone en su mano insistiendo en que se lo quede.

Y finalmente, cruzándose con un comerciante rico sentado en su carro justo encima una  de las ruedas, el hombre le pasa una bolsa de monedas.

- Me gusta regalar dinero -explica el mercader- y decidí como un juego de azar, que la décima persona que se cruzara conmigo hoy se quedaría con esta bolsa de dinero.

El Loco pensaba que a esas alturas de su vida no podría sorprenderse, pero sí que estaba sorprendido. Es como si todas sus buenas acciones en la vida fuesen devueltas, multiplicadas por tres. Toda la suerte ese día es suya.

La Justicia:

El Loco está buscando un camino nuevo, un nuevo objetivo e inspiración en su vida. Sentado en un cruce de caminos, inseguro, se fija en una mujer ciega y sabia escuchando la pelea de una herencia de dos hermanos.

-¡Demando toda la herencia para mí solamente, dice el hermano pobre, no solamente porque tengo más derecho a ella, sino también porque no seré tan despilfarrado como lo es él!

Pero el hermano rico protesta:

- ¡Por derecho es mía, esto y nada más es lo que importa, no lo que hiciera con ella!

La mujer escucha y entonces apremia al hermano pobre con la mitad de la herencia del hermano rico. El Loco piensa que esto era lo justo, pero ninguno de los dos hermanos estaba contento. El rico odia perder la mitad de su riqueza, y el pobre piensa que merecía toda.

- Fuiste justa, comenta a la señora cuando se habían ido los hermanos.

- Sí, claro, responde la mujer con sencillez.

- Con solamente la mitad de la herencia el rico se verá obligado a derrochar menos, y el pobre tendrá tanto como puede necesitar. Aunque no pueden verlo, la decisión fue buena para los dos.

El Loco reflexiona y se hace una idea nueva sobre su propia vida. Reconoce que ha luchado toda su vida por lograr sus ambiciones mundanas y bienes concretos, dejando su yo espiritual secarse, principalmente por no haber querido hacer los sacrificios necesarios como para alimentar su yo espiritual. Ahora ve la necesidad de este sacrificio, y ve el camino que nunca anduvo, el que tiene que andar para recuperar su equilibrio. Dando las gracias a la mujer sale  con una meta nueva. Es hora de ajustar y equilibrar lo propio.

El Colgado:

El Loco se sienta debajo de un árbol, intentando encontrar su yo espiritual. Allí permanece durante nueve días, sin comer, apenas moviéndose. Gente pasa por delante de él, animales, las nubes, el viento, la lluvia, las estrellas, sol y luna.

En el noveno día trepa al árbol sin conscientemente saber por qué, y se cuelga bocabajo de una rama, como un niño, dejando al lado por un momento todo lo que es, lo que quiere, sabe y lo que le importa. Monedas caen de sus bolsillos al suelo y mientras los mira fijamente allá abajo en el suelo, no como dinero, sino como trocitos de metal, todo de repente se cambia de perspectiva.

Es como si estuviera colgando en el medio entre el mundo material y espiritual, capaz de ver ambos. Es un momento deslumbrante, surrealista, como un sueño, y a la vez clarísimo. Se le hacen enlaces que anteriormente nunca entendió, revelando misterios.

Aun, por lo eterno que le parezca este momento, se da cuenta de que no perdurará. Muy pronto debe ponerse derecho, de pie, y cuando lo haga, cosas cambiarán. Sabe que tendrá que actuar de acuerdo con lo que ha aprendido. Pero ahora, de todos modos, simplemente cuelga ahí observando, absorbiendo, entendiendo… flotando, más allá de las leyes de gravedad.

La Muerte:

Dejado atrás el árbol donde había colgado, todavía con visiones presentes, el Loco atraviesa con cuidado una llanura árida y otoñal. El aire está frío e invernal, los árboles desnudos. Con el sol naciente aparece delante de él un esqueleto con armadura negra, montado en un caballo blanco. Lo reconoce como la Muerte. Cuando la Muerte para delante de él, el Loco humildemente le pregunta:

-¿He muerto?

De hecho, se siente bastante vacío y desolado. Y el esqueleto le responde:

- De un modo, sí. Sacrificaste tu antiguo mundo y tu yo anterior. Ambos han acabado, muertos.

El Loco reflexiona en las palabras.

- Que triste.

La Muerte asienta con la cabeza, dándole la razón.

- Sí, pero es el único modo de renacer. Un sol nuevo se levanta y, para ti, un período con grandes cambios y transformación está inmediato.

La Muerte sigue su camino cabalgando, y el Loco puede sentir la verdad en sus palabras. Él también se siente como un esqueleto, desnudo, despojado de todo lo que era.

Entiende, que así es como empiezan todas las grandes transformaciones: esquilando cosas llegando hasta los huesos, construyendo nuevo sobre bases limpias y claras.

La Templanza:

Continuando en su camino espiritual, el Loco empieza a fundar sobre cómo hacer reconciliarse a los opuestos a los que ha estado afrontándose: Lo material y lo espiritual (entre los cuales colgaba bocabajo del árbol), muerte y nacimiento (uno conduciendo al otro). En este momento se encuentra con una figura alada levantada, con un pie en un arroyo y otro en una roca. La criatura radiante vierte algo de un recipiente al otro.

Más cerca se da cuenta el Loco, de que lo que vierte de uno es fuego, mientras fluye agua del otro. Los dos se juntan en una mezcla.

- ¿Cómo es posible mezclar fuego y agua? -susurra el Loco- finalmente maravillado. Sin cesar en su quehacer, el ángel responde:

- Necesitas los recipientes correctos y las proporciones justas.

El Loco mira y pregunta con admiración:

- ¿Se puede hacer con todos los opuestos?

- ¡Por supuesto! Responde el ángel, todos los incompatibles, fuego y agua, hombre y mujer, tesis y anti-tesis pueden unirse en armonía. Solamente la falta de voluntad, la falta de fe en las posibilidades de unión mantienen los opuestos en oposición.

Y ahora el Loco empieza a entender que él mismo es quien mantiene su universo dividido en vida y muerte, mundo material y mundo espiritual. Dentro de él los dos podrían unirse, como en los recipientes que el ángel usa para verter los elementos. Va reconociendo que las proporciones y recipientes adecuados es todo lo que necesita.

El Diablo:

El Loco llega al pie de una montaña negra y enorme, reinado por una criatura medio cabra, medio dios. A sus pezuñas, encadenados al trono del dios, gente desnuda se entrega a cada satisfacción pensable: sexo, drogas, comida, oro, bebida… Cuanto más se va acercando el Loco, más siente como los deseos terrenales le suben en su interior. Lujuria, pasión, obsesión, gula...

-¡Me niego a rendirme a ti! grita al Dios-cabra, resistiéndose con toda su fuerza. La criatura le devuelve una mirada extrañada.

- Lo único que hago es sacar afuera lo que ya hay dentro de ti, responde la bestia.

- Sentimientos así no son para temerlos, ni para avergonzarse, ni siquiera hay que evitarlos.

El Loco hace un gesto enfadado hacia los hombres y mujeres encadenados.

- ¡Lo dices aunque sabes que son esclavos!

El Dios-cabra imita el gesto del Loco.

- Míralos una segunda vez.

El Loco lo hace, y se da cuenta de que las cadenas que rodean el cuello de los hombres y mujeres son lo suficientemente amplios como para quitárselas por encima de sus cabezas.

- Pueden liberarse, si lo desean, dice el Dios-cabra.

- Aunque tienes razón. Soy el Dios de tus deseos más fuertes. Pero aquí solo ves la gente que ha permitido que sus deseos más básicos y bestiales tomen control sobre ellos. Hace un gesto hacia arriba, hacia la cima de la montaña.

- No ves a los que han permitido que sus impulsos y pretensiones les hayan llevado hasta la cumbre de aquella montaña. Inhibiciones pueden esclavizar tan fácilmente como excesos. Pueden impedir que tu pasión te lleve a alturas altísimas.

El Loco reconoce la verdad en aquello, y que se ha equivocado con el Dios-cabra. Ahora entiende que no es una criatura mala, pero que tiene mucha fuerza, la más baja y la más alta, de bestia y de dios, ambos. Como todos los poderes, asusta y es peligroso, pero al mismo tiempo es la llave de libertad y trascendencia, si es entendido y usado bien.

La Torre:

Con el trono del Dios-cabra dejado atrás, el Loco llega a una torre fantástica, magnífica y familiar. De hecho, él mismo ayudó a construir esta Torre hace tiempo, cuando lo más importante para él era dejar su marca en el mundo haciéndose más importante y mejor que otros.

Dentro de la Torre, arriba del todo, viven hombres todavía arrogantes y convencidos de su impecabilidad. Viendo de nuevo la Torre, el Loco siente como si cruzara un relámpago por su mente. Pensaba que había dejado este viejo ego atrás, cuando comenzaba con este viaje espiritual. Pero ahora reconoce que no. Ha estado viéndose a sí mismo como esa Torre, como una persona viendo su interior, como solitario, singular y superior. Cuando en realidad, no es nada de eso. Está tan preso por esta visión que abre la boca y suelta un enorme grito. Y para su sorpresa y horror, como si su grito hubiese tomado forma, de repente un relámpago de verdad corta el cielo dando de pleno en la Torre, forzando a sus habitantes a saltar y dejarse caer dentro del agua, abajo.

En unos momentos todo termina. La Torre es escombros. Nada, excepto piedras. Atónito, conmocionado y aterrorizado hasta el fondo de su ser, el Loco siente angustia, miedo profundo e incredulidad. Pero al mismo tiempo, una extraña claridad de visión, como si su ojo interior por fin se hubiera abierto.

Venció su temor al cambio y sacrificio, se liberó del prejuicio y miedo de la Muerte, disolvió su creencia de que los opuestos no pueden unirse y destrozó las cadenas de ambición y deseo. Pero aquí y ahora ha hecho lo más duro: ha destruido las mentiras que mantenía de sí mismo. Lo que queda es la verdad pura y absoluta. Sobre esta base puede reconstruir su alma.

La Estrella:

El Loco está sentado, vacío, sin esperanzas en el paisaje desolado donde la Torre había estado. Había esperado encontrarse a sí mismo en este viaje espiritual, pero ahora siente que ha perdido todo, inclusive a sí mismo. Sentado en las piedras frías, mira hacia arriba, al cielo nocturno, preguntándose qué queda. Y ahora es cuando se fija en una hermosa chica con dos cantaros de agua. Mientras mira, ella se arrodilla junto a un estanque, el agua está iluminado y reflectando el brillo de las estrellas. Vacía las urnas, una vertiéndola en el estanque, y la otra volcándola en el sediento suelo.

- ¿Qué estás haciendo? pregunta.

Ella levanta la vista hacia arriba y le mira, sus ojos chispean como estrellas.

- Vuelvo a llenar este estanque para que todos los que tengan sed puedan beber, y también estoy regando la tierra para que, cuando llegue la primavera, las semillas crezcan, le cuenta. Y añade:

- ¡Ven! ¡Bebe!

El Loco llega, se arrodilla con ella junto al estanque, y bebe. El agua sabe maravillosa, como brillo de estrellas líquida.

- Veo que estás triste -continúa diciendo la chica- y yo sé por qué. Pero tienes que recordar que no has perdido todo. Conocimiento, posibilidades, esperanza… todas estas cosa las sigues teniendo. Como estrellas, ellas te guiarán a un futuro nuevo…

Mientras le cuenta empieza a desvanecerse, como rocío, desapareciendo. Todo lo que queda es una luz tenue que estaba en el medio de su frente. Esta se eleva cada vez más hacia arriba, hasta que se posa en el cielo nocturno como una estrella.

- ¡Sigue tu estrella! -la voz de la chica parece venir, como un canto desde la luz- y ¡ten fe!

El Loco respira hondo y se levanta. Es una noche oscura, un paisaje desolado. Pero, por primera vez tiene una luz para guiarse en el camino. A pesar de lo distante que es, cura su corazón y restablece su fe.

La Luna:

Siguiendo a la estrella, el Loco viaja durante la noche. La Luna llena se levanta, iluminándole un sedero con agua. Y empieza a sentirse desorientado, como sonámbulo. Debajo la luna pasa entremedio de dos torres antiguas y extrañas. Mirando a su alrededor, de repente se da cuenta de que se encuentra en un paisaje completamente distinto. Cuando visitó a la Sacerdotisa, vio indicios de este país oscuro a través de las cortinas que cubrían la parte detrás de su trono. Y cuando colgaba de la rama del árbol, patas arriba, se sintió entre el mundo físico y este.

Ahora ya había traspasado la cortina. Aquí están los misterios que buscaba, al menos los misterios oscuros, los que tienen que ver con los poderes más primarios y arcaicos, los poderes de la naturaleza, no de civilizaciones. Es un país que poetas, artistas, músicos y locos conocen muy bien, un lugar terrorífico y seductor, con leyes muy distintas. Lobos salvajes, aullando en homenaje a la luna. Ellos corren por estos paisajes, cazan junto a guerreras con arcos y flechas. Y las criaturas de las pesadillas de la niñez miran con ojos resplandecientes desde las sombras.

El sendero donde el Loco estaba andando, es ahora un río, y se encuentra cubierto hasta la cadera en el medio del arrastre poderoso de sus aguas iluminadas por la luna. En la orilla cercana hay un pequeño barco, pero no tiene ni timón ni remos. El Loco se da cuenta de que tiene solamente dos alternativas. Puede perderse en este país desolado y rudimentario de locura e ilusión, puede aullar con los lobos, ser cazado, o puede subirse a la barca y confiar en el río. De ambas maneras, la Luna tendrá el control, pero al menos con la barca llegará a algún sitio en su rendición a las fuerzas de este mundo inconsciente y natural.

Como los artistas, los poetas y los magos bien saben, esta rendición tiene como recompensa inspiración, visiones, genialidad y magia. El Loco empuja la barca al río y salta adentro. Mientras la corriente le arrastra, la Luna emite luz en su ‘camino’, y él siente como la señora de este país oscuro le mira desde arriba con los ojos aprobadores de la Sacerdotisa.

El Sol:

El Loco se despierta por la mañana de su larga y mala noche sin descanso, y nota como el río furioso por fin se ha calmado, llevándolo suavemente a un pequeño y tranquilo lago. Hay un jardín vallado alrededor de este estanque destacándose por sus rosas, lilas y girasoles esplendidos moviendo sus cabezas. Sube a tierra y ve como el Sol se levanta luminoso y dorado. Es un día claro. Risas infantiles llaman su atención, y ve a un pequeño niño subido en un pequeño pony blanco adentrándose en el jardín.

- Ven -dice el pequeño bajando del pony y corriendo hacia él- Ven, mira…

El niño coge la mano del Loco, destacando con entusiasmo todo tipo de cosas, los ajetreados insectos en la hierba, las semillas y los pétalos de los girasoles, como la luz destella en el agua del estanque. Le hace preguntas al Loco, preguntas sencillas pero profundas como, ¿por qué está el cielo azul? Canta canciones y juega juegos con el Loco.

En un punto el Loco para, parpadea hacia el sol tan grande y dorado, y se encuentra a si mismo sonriendo, más ancho y mas radiante que hace mucho tiempo. Desde que empezó este viaje espiritual ha sido puesto a prueba y juzgado, confuso y asustado, consternado y asombrado. Pero esta es la primera vez que francamente se ha sentido puramente feliz. Siente su mente iluminada, su alma ligera y brillante, como un rayo de sol. Como el gran Sol mismo, este niño, con sus preguntas simples, sus juegos y canciones, ha ayudado al Loco a ver el mundo y a sí mismo de nuevo, a sorprenderse y gozar de ambos.

- ¿Tu, quien eres? pregunta finalmente al niño.

El niño sonríe por la pregunta y parece brillar. Entonces brilla cada vez más hasta que se convierte en pura luz del sol.

- Soy tú -dice el niño desde todo el jardín- Soy el nuevo tú.

Y mientras las palabras están llenando al Loco de calor y energía, se da cuenta de que este jardín, el sol arriba, el niño, todo existe en su interior. Acaba de ver su propia luz interna.

El Juicio:

Saliendo del jardín del Sol, el Loco presiente que está cerca del fin de su viaje, y se siente preparado para el paso final. Pero algo se lo está impidiendo, algo no le deja. Mira hacia arriba, con la esperanza de encontrar consejo en el Sol, en cambio ve un ángel ardiente, hermoso y temible.

-Tienes razón -confirma la imagen angélica- tienes sólo un último paso en tu viaje, un paso final. Pero no puedes hacer este paso hasta que dejes descansar a tu pasado.

El Loco esta perturbado.

- ¿Dejarlo descansar? Pensaba que había dejado atrás todo.

- No hay ningún modo de hacer esto, declara el ángel.

- Cada paso desgasta un poco el zapato, solamente un poquito, pero influye en tu siguiente paso, y al siguiente y al siguiente… Tu pasado siempre está debajo de tus pies. No puedes esconderte de él, escaparte de él ni deshacerte de él. Pero puedes abrirlo, visualizarlo, y llegar a aceptarlo, ¿estás dispuesto a hacerlo?

El Ángel entrega al Loco una trompeta pequeña. El Loco vacila, pero sabe que esa es la decisión final… seguir adelante o quedarse donde está. Sopla, y el sonido de la trompeta retumba en el cielo, sus vibraciones parecen abrir una raja en la tierra, abrir el mundo. Desde debajo de los pies del Loco salen recuerdos. Imágenes de su juventud inocente, retos, amores, fracasos, pérdidas, éxitos, desilusiones y sabiduría.

Por primera vez no intenta abandonarlos, ni ignorarlos, ni olvidarlos, pero los acepta. No son para temerlos. Pasaron, pero ya se han ido. Solamente él los trae al presente.

Con este reconocimiento desaparecen sus memorias. Aunque siguen allí en su mente, ya no ejercen ningún poder sobre él. Es libre de ellos, se encuentra renacido y plenamente en el presente.

El Mundo:

El Loco vuelve para hacer el último paso por su último camino y ve, para su perplejidad, que está de vuelta justo donde empezaba, en el borde del mismo precipicio donde casi se cayó cuando era joven y demasiado tonto como para ver donde iba. Pero ahora ve su posición de un modo muy distinto. El pensaba que podría separar cuerpo y mente, estudiar todo sobre el uno, para luego dejarlo y estudiar sobre la otra. Pero al final ve, que todo se trata del ego, mente y cuerpo, pasado y futuro, el individuo y el mundo. Todo uno. El arriba como el abajo, y todos los opuestos son el uno y el otro, inclusive el Loco y el místico, ambas puertas a los secretos del universo. Con una sonrisa de sabio, el Loco hace este último paso en la nada… y se eleva. Más alto, y más... y más… hasta que puede ver el mundo entero. Y allí baila, entre una multitud de estrellas, unido al universo. De un modo, finalizando donde comenzó y comenzando de nuevo por el final.

El mundo ha dado la vuelta y el viaje del Loco está completado.

Fuente: www.lunayeconat.com

Categoría: Tarot | Vistas: 882 | Agregado por: CRoWLeY | Valoración: 0.0/0
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